Comunidades en red 2015/16Comunidades libres en la Red

Cooperación y obra abierta

Publicado el

09.12.2015 – 18:00h
Lugar: Auditorio Medialab Prado (Madrid) (2ª planta)
El acceso a estas charlas es libre y gratuito. También puedes ver 
la sesión en directo, por streaming, a través de este enlace (se activará al inicio de la clase)

En esta conferencia abierta, el profesor Jesús G. Barahona ayudará a entender la necesidad de herramientas tecnológicas específicas para poder aprovechar las posibilidades de colaboración en comunidades geográficamente dispersas.

La tecnología está permitiendo nuevas formas de cooperación. El mundo del software libre ha mostrado cómo una comunidad puede coordinarse y cooperar de formas no tradicionales, por encima de barreras geográficas, corporativas e incluso de interés. El mundo de la cultura libre está mostrando capacidades y posibilidades parecidas, aunque en un entorno más amplio. Y desde hace tiempo otras muchas comunidades de experiencia están explorando mecanismos de colaboración similares.

Los objetivos de este seminario son:

  • Comprender el concepto de obra abierta, en el contexto del más restringido (pero históricamente más rico) concepto de software libre.
  • Conocer las formas de colaboración en comunidad posibles en los proyectos de creación de obra libre, y en general, en las comunidades de experiencia.
  • Incorporar al bagaje personal la colaboración en comunidad como una herramienta más a utilizar, conociendo sus peculiaridades y sus problemas.
> Lecturas recomendadas

Vídeo de la sesión

 

Desarrollo de la sesión

En la clase que Jesús M. González impartió el 9 de diciembre en Medialab Prado, se abordó la nueva cultura digital y cómo esta ha cambiado nuestra concepción a la hora de concebir la propia cultura tradicional. Según el profesor González, “no se pueden aplicar los principios de la cultura tradicional a la digital”. En primer lugar, por el simple hecho de la distribución y los costes.

La cultura digital permite un acceso universal si se dispone de la tecnología necesaria. De hecho, los países del tercer mundo en vías de desarrollo ya acceden a la cultura y educación a través de dispositivos electrónicos, no por medio de sistemas tradicionales. En una misma herramienta de trabajo pueden concentrar todos los conocimientos.

Somos la primera sociedad (en la historia) que dispone de herramientas que permiten:

1. Realizar duplicados de cualquier información
2. Elaborar y modificar cualquier información
3. Mover información a cualquier parte del planeta

Y todo casi sin coste, a gran escala y con acceso cada vez más universal. Pero, hasta ahora, no ha habido una generación que haya nacido con esta tecnología. Hemos tenido que ir desarrollándola aprendiendo sobre la marcha. Es la generación del 2000 la que empezará a experimentar considerándose nativos y teniendo esta nueva tecnología como una herramienta considerada apéndice de su participación social, educación, aprendizaje…

La nueva cultura digital nos permite realizar copias idénticas, exactamente iguales al original. Hace unas décadas, en la era analógica, era imposible realizar copias idénticas. Por ejemplo, una fotocopiadora no saca copias idénticas. O una grabación de otra grabación, perdiendo notable calidad por el camino. Con la digitalización cambia y se eliminan estas distorsiones produciendo copias en masa que no se distinguen unas de otras. Se pierde así la revalorización que tenía antiguamente la “copia” original, porque hay millones que pueden ser iguales.

Pero, si algo se ha visto afectado principalmente por la digitalización de la cultura, es el proceso creador. La expansión de los medios de producción, mucho más accesibles para la sociedad media, permiten al ciudadano o diferentes profesionales especializados crear sus propios trabajos sin necesidad de recurrir a un gran despliegue de medios, o a invertir grandes recursos económicos…

Internet ha tenido una enorme influencia en la llamada “economía de la creación”. Hasta ahora, se invertían grandes recursos en fomentar la creación y la experimentación. Actualmente, gracias a internet, cualquiera puede ser un creador.

El dilema ahora es cómo conseguir generar un foco de atención sobre tu trabajo. Entre millones de creadores y miles de millones de contenidos, es necesario buscar un nicho de atención para tener éxito. Ya no se busca incentivar a los creadores, sino el posicionamiento de las creaciones. El propio creador es distribuidor de sus propios contenidos, pero para triunfar realmente se necesita un impulso general que atiende a factores muy diversos y de dífícil análsis en común. Ahora mismo hay millones de creadores, es muy fácil crear, copiar, distribuir y modificar, pero no alcanzar éxito público.

Pero en la práctica ejercemos poco estas nuevas posibilidades, especialmente la de modificación del trabajo de otros, la reelaboración, abiertas con la digitalización. Quizá porque nuestra generación aún no está acostumbrado a ello o, quizá, porque sencillamente no lo encontramos útil o interesante. Pero, sobre todo, por dos motivos:

1. El marco legal, social y económico nos bloquea
2. Tampoco se nos ocurren muchas formas útiles de ejercer esa libertad

Aún persisten las viejas ideas de las generaciones que no han crecido con la tecnología, sino que la han absorbido sobre la marcha. Trasladar la idea tradicional a la era digital no solo es disfuncional, sino absurdo. Pero lo seguimos haciendo. No se dan los mismos condicionantes, ni el mismo contexto o repercusión. Hay que abandonar los esquemas mentales, los mapas conceptuales tradicionales a la hora de pasar los contenidos tradicionales a lo digital. Estamos creando, actualmente, nuestros propios recursos y mapas de orientación a la hora de movernos y crear los contenidos digitalmente.

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