05.04.2016 – 18:00h
Lugar: Auditorio Medialab Prado (Madrid) (2ª planta)
El acceso a estas charlas es libre y gratuito. También puedes ver la sesión en directo, por streaming, a través de este enlace (se activará al inicio de la clase)
Ponente: Víctor Sampedro
Abordaremos el rol de investigación y denuncia, que es uno de los pilares profesionales del Periodismo. Constataremos la necesidad de redefinirlo en un contexto de colaboración, producción y activismo ciudadano. Necesitamos explorar los cambios y oportunidades, que la digitalización en red ofrece a la Prensa como contrapoder. El monopolio puede haberse quebrado en la producción de información e interpretación de los mensajes. Pero la difusión masiva y el impacto institucional parecen seguir dominados por los medios convencionales y, muy en concreto, por la televisión. Para recobrar su identidad y credibilidad como contrapoder, se antoja inevitable que la Prensa aprenda a gestionar la participación de los públicos, tanto a nivel económico como informativo. Los micromecenazgos y las macrofiltraciones, respectivamente, aparecen como dos instrumentos clave en ambos planos.
El jueves 7 de abril expondremos la investigación en curso de Álvaro Carretero, alumno del CCCD, sobre la agenda de escándalos políticos desencadenados en las EG 2015, contrastando el caso Falciani y los desencadenados por fuentes oficiales.
Materiales de trabajo:
Post de la sesión:
En esa sesión Víctor Sampedro reflexiona sobre los conceptos desarrollados en el libro “El IV poder en red”, a la luz de la velocidad de los cambios y grandes repercusiones que siguen reproduciéndose en el ámbito del periodismo digital (la reciente aparición de los “papeles de Panamá” lo confirma). El libro aborda las condiciones del periodismo de denuncia y del periodismo de investigación en la época del desarrollo del conocimiento en red. Se profundiza sobre el significado del periodismo y de la democracia deliberativa en la Esfera Pública Digital (EPD), en donde el periodismo de investigación adquiere connotaciones que lo distinguen del periodismo tradicional.
Con la primera aparición de WikiLeaks (2006), el periodismo se ha transformado en una actividad social distribuida, y la manera de llevar a cabo la vigilancia de la sociedad civil se tiene que enfrentar con el código libre y bajo el conocimiento del acceso libre. Por eso mismo surge la pregunta: “¿Dónde queda el papel del periodista en ese nuevo panorama?”. Puesto que todos los ciudadanos pueden acceder a liberar datos y participar en la EPD, se necesita reconfigurar el papel del periodista en esa nueva época. En ese contexto, el verdadero periodista es el arquitecto de las estructuras comunicativas que asegura los flujos informativos de contrapoder (o poder ciudadano) mancomunado. Es ante todo un programador de herramientas y foros de debates colectivos para la sociedad civil, que se afirma como sujeto político y comunicativo de pleno derecho y con la autonomía suficiente para hacerse escuchar. No hay que pensar en él como si fuera un informador convencional. Ese último manda mensajes informativos sesgados que disfrazan la información de contenidos promocionales de fuente con mayor renta. El periodista de ese nuevo perfil reúne tres características:
1. Es Arquitecto/ programador de una estructura comunicativa: capaz de proporcionar protagonismo a la sociedad civil y elaborando los argumentos lógicos derivado de sentencias empíricas.
2. Es un DJ/curador: puesto que hace una remezcla de las mejores piezas que ha escuchado y de aquellas que se han difundido.
3. Es guionista de teleseries (narrativa y storytelling), ya que tiene capacidad de apelación, fidelización, remezcla y viralización por parte de sus usuarios sobre las noticias que transmite, exactamente a la par de un storytelling colectivo (cuenta cuentos) mancomunal.
Sampedro pasa luego en reseña los cuatro casos de personajes políticos que se abordan en “El cuarto Poder en red”. El primero es Julian Assange, fundador de WikiLeaks, experto en códigos y con un amplio conocimiento de las técnicas de encriptación. Participó en el movimiento de los “Criptopunks” en los años ’80, que sostenía que no hay democracia si no se pueden anonimizar las comunicaciones. Assange es el creador de una nueva EPD, y quiere crear un conjunto de flujos informativos que vengan desde abajo, que no sean rastreables y que escriban la historia en tiempo real. El segundo es Chelsea Manning, que representa el ciudadano digital por excelencia al tener unos conocimientos hackers relativamente modestos. Es un ciberactivsta anónimo que rompió con el código militar de obediencia, porque tuvo en sus manos una información que cambió el curso de la historia (reveló que en la guerra de Irak una de cada dos muertes no eran objetivos militares previamente fijados, sino más bien población civil). Además, Manning hace parte de la generación “queer”, puesto que quiere alterar su propio código, quiere cambiar su sexo. Ejemplifica de ese modo lo que debería ser el ideal de todo revolucionario: cambiarse a uno mismo primero, para cambiar luego a la sociedad. El tercer personaje es Edward Snowden, que representa el tecnociudadano por antonomasia, al tener más competencias y habilidades que la media de los ciudadanos. Snowden sostiene que no se puede concebir una sociedad libre cuando te pueden interceptar por cualquier correo y geolocalizar 365 días al año. Snowden hace parte de la generación que nació con internet, y lo concibe como un territorio donde hay que defender la libertad. No es una espía, solo quiere desarrollar un sistema de vigilancia que termine con los atentados terroristas. Por último, se hace mención a David Greenwald, que es el periodista que hizo famoso a Snowden. Greenwald, es un abogado de derechos civiles, es constitucionalista. Consigue un blog propio desde donde logra crear otro blog independiente sin intermediación asociado a The Guardian.
Lo que tienen en común esos cuatros perfiles son tres características principales:
a) Son exponentes de un público recursivo: actúan en la red con sus propios recursos.
b) Tienen una edad comprendida entre los 20 y 40 años y hacen parte de una generación que trato “hackear la democracia”. Son programadores de código abierto, periodistas-hackers y promueven un discurso antiglobalización. Encarnan una lucha por una EP que intenta establecer arquitecturas mancomunadas, y lo hacen los mismos nativos digitales de los movimientos sociales transnacionales.
c) Todos ellos logran crear un nuevo ecosistema informativo. Assange sostiene que logran promover un “periodismo científico”, porque cumple con los requisitos de la ciencia y toda la información es transparente y está disponible.
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